El cuento de la democracia, no os dejéis engañar.

Los liberales fueron históricamente escépticos ante el concepto de democracia, ya que otorgar el poder al pueblo era peligroso para el mantenimiento de un estado liberal. Y es normal que pensaran eso, sabían que que el libre mercado perjudica a muchos y beneficia a muy pocos y la entrada del pueblo (normalmente el perjudicado por el sistema) en la política hacia peligrar el mantenimiento de las reglas del juego. El populacho no entiende de economía, no asumirá un juego dónde puede perder. Es corto de miras y no entiende la grandeza y los beneficios del libre mercado. Me recuerda un poco a la filosofía platónica, dónde unos conocen los conceptos de Verdad y Justicia y por lo tanto tienen que ser los gobernantes (serían ese capitán del barco). También las dictaduras (sobre todo las socialistas) utilizan esa falacia de ser conocedores de la Verdad y de la Justicia y por lo tanto hacer participar a “ignorantes” en la competencia política se convierte en absurdo. Lo único que tengo que hacer es enseñar esa Verdad al pueblo para que deje de ser ignorante.

Con la conquista de los derechos demócraticos a principios de siglo XX (necesarios para legitimar el sistema) la democracia ha ido ganando terreno a las ideas liberales, llegando a su máxima expresión en los años 50 con el triunfo de los partidos de masas. En aquellos tiempos un gran porcentaje de la población europea era militante de diferentes partidos, muchísimas personas se agrupaban en organizaciones y debatían sobre política y sobre economía. Existían medios de información con visiones totalmente opuestas sobre los diferentes temas, lo importante eran las ideas y el partido (que se hacía representante y guardián de esas ideas). Eran tiempos de grandes revuelos, de inestablidad social y de construcción de estados sociales. Parecía que el movimiento obrero, popular, mayoritario le había ganado la partida a la minoría dominante. Gracias al activismo político y la entrada  de los trabajadores en el espectro político se ganaron enormes y muy importantes derechos sociales (que exigían del Estado una intervención material en la economía). Los principios liberales de libre-mercado parecían quedar en entredicho, el Estado minimalista había dado paso, en el espacio de 100 años, al Estado social.

Subestimar a la clase que detenta el poder económico es el mayor pecado que se puede cometer. Todo parecía ir bien con la construcción del estado social y de los avances en cuanto a democracia y bienestar..pero como si de un plan perfectamente trazado se tratara una gran retarguadia se había preparado..algunos en la sombra estaban preparando una estacada definitiva a la democracia de la cual, justificadamente, nunca se habían fiado.

Desde la economía, los Hayek y Friedman (tan menospreciados durante los años 40 y 50 en favor de Keynes y Galbraith) volverían a ser los inspiradores de la política económica.

Desde la política, los Reagan y Thatcher implantaban la revolución neoconservadora.

Desde  los partidos, se perdía definitivamente el concepto de partidos de masas en favor de los catch-all parties. Se minimizó el Estado de Bienestar (en crisis desde 1973).  Los partidos compiten por el poder, baja la militancia y el tema ideológico cede ante la eficacia de la gestión del Estado.

El asesinato de Olof Palme en 1986 es la mejor metáfora de como se asesinó tanto a la democracia como al Estado social.

El libre-mercado sin intervenciones ni regulaciones volvía a estar a la orden del día, no sólo eso, sino que se aplicó una filosofía de libre-mercado para la política, matando así dos pájaros de un tiro. Ya no votamos ideas o partidos, sino que tenemos que votar productos, personas. Europa se ha americanizado progresivamente, hasta tales puntos que los partidos políticos no sólo se han vuelto personalistas (como ocurre en EE.UU) sino que ya no proponen ideas sino buenas gestiones. Buena gestión del Estado. Estamos votando por una gestión. Nos toman por imbéciles, a los consumidores de cualquier producto nos toman por imbéciles. Si uno se para a analizar cada anuncio de televisión, sea el producto que sea, no se nos explican las características del mismo (y por lo tanto racionalmente nosotros decidir que comprar y que no) sino que a través de la ficción que proporciona la televisión nos crean ilusiones mediante complicadas imágenes (por ejemplo una actriz que se cura de sus males de estómago gracias a un yoghurt). Todos sabemos que lo que pretenden es engañarnos, engañarnos mediante la propaganda. El mismo fenómeno se traslada a la política, en la propaganda electoral nos quieren engañar, vender un producto. No nos hablan de los temas importantes, hablan de sus estupideces con mensajes abstractos y vacíos.

Ni siquiera se molestan ya en vendernos una idea, desde las instituciones ya nos dicen claramente que lo importante es satisfacer a “los mercados”. Sí, sí, a ese ente abstracto que actúa y que tiene características humanas ( “los mercados se enfadan”, ” los mercados se portan bien”..) pero que no sabemos quién es ni quién lo ha votado. Zapatero, en este nuestro país, hace las leyes que el mercado le ordena. La distancia entre representantes y representados no puede ser mayor. Los mass media, intermediarios entre los dos, punto de contacto, también nos dicen que hay que ajustarse el cinturón para satisfacer a ese mercado. A nadie le gustan las medidas ya que nos perjudica a nosotros, las clases medias y populares. Pero es el mercado el que lo ha ordenado, así que hay que acatar y callar.

Nos hablan de democracia y de que culpa nuestra por no votar a otros, no niego que tengamos parte de culpa, pero la acción de los poderes fácticos ha sido tan efectiva que complicado es ahora cambiar los rumbos. Y es normal, no se porqué pero detrás de esos mercados me parece a mí que hay grandes empresas, especuladores, corporaciones, instituciones financieras.. Éstos son los que tienen el dinero, el dinero para financiar los partidos y los medios de comunicación. Sin dinero poca cosa se es. Poca difusión se tiene. Complicada tarea que el pueblo se haga pues escuchar o cambiar el único paradigma irrefutable del mundo, no se van a financiar proyectos que perjudiquen los intereses de los especuladores, grandes empresas.. que al fin y al cabo es la que te da de comer. Es la tiranía del dólar.

A.E.S.A.

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